El principio visible del reinado del Anticristo: Monseñor Gaume

“HISTORIA DE LA FAMILIA EN TODOS LOS PUEBLOS ANTIGUOS Y MODERNOS”
POR MONS. GAUME
(Nevers, 8 de Junio de 1844)

“DE LOS SIGNOS, SEÑALES Y FIGURAS DE LOS TIEMPOS PRECURSORES DEL ANTICRISTO”

“EL PRINCIPIO VISIBLE DEL REINADO ANTICRISTIANO”


Así como las profecías de Nuestro Señor fueron tanto más claras y tanto más completas las señales precursoras cuanto más se aproximaba la plenitud de los tiempos, del mismo modo los precursores del Anticristo le son cada vez más parecidos a medida que lo anuncian desde menos distancia. Antíoco, Nerón, Diocleciano, Simón el Mago y Arrio son imágenes particulares del hombre de pecado, según testimonio de los Padres de la Iglesia.

Mahoma, entre otros, resume todos estos rasgos esparcidos ; al declararse enemigo jurado de los fieles le parece que el exterminio es el primer deber de su misión ; se convierte en orgulloso rival de Jesucristo ; se pone en su lugar entre los hombres y Dios, diciendo y enseñando a sus innumerables sectarios: Dios es Dios, y Mahoma su profeta. Con voz unánime de los comentadores, es el verdadero precursor del hijo de la perdición, como dice uno de ellos, Gabriel Prateol o Du Préau, doctor de la facultad de París, muerto a fines del siglo XVI.

“Está fuera de duda, continúa el célebre P. Tomás Maluenda, O. P. (1566-1628), que Mahoma no es el verdadero Anticristo ; pero si se considera los males que ha causado en el mundo este hombre de perdición, y que ha perdido a gran parte de la tierra estableciendo su perniciosa secta, habrá mucha razón en convenir que Mahoma es el gran tipo y el gran precursor del Anticristo.

Pero salgamos del orden tradicional, o dominio de las opiniones para entrar en el terreno de la certeza y de la fe.  La Escritura nos revela dos signos precursores infalibles y verdaderamente característicos de la gran catástrofe, que forman parte de la misma doctrina de la Iglesia. El primero es la predicación del Evangelio por toda la tierra : “Este Evangelio, ha dicho el Creador de los hombres y de los siglos, será predicado a todo el mundo en testimonio de todas las naciones, y entonces vendrá la consumación”. El segundo es la apostasía general.

La predicación del Evangelio es la condición preliminar de la ruina del mundo, y la apostasía la causa.  Como todos los siglos y todas las naciones han sido formadas por y para Jesucristo, cuando deje de reconocérsele enteramente, el mundo habrá perdido el objeto de su existencia ; “y por esta razón, dice San Pablo, no sobrevendrá el gran día hasta que la apostasía halla llegado”, (II ad Thess, II, 2-3-4). Y llegará esta, añaden con voz unánime los Padres de la Iglesia, y los intérpretes de la Escritura, cuando se hayan separado del imperio romano y de la Iglesia la mayor parte de las “naciones”, y cuando en ellas se haya entibiado notablemente la fe, según las palabras del mismo Jesucristo : “¿Creéis que el Hijo del hombre encontrará fe en la tierra cuando vuelva?”. Esto no quiere decir que se habrá extinguido enteramente por todas partes, sino que el número de los que la conservarán viva será más reducido que nunca.

Si vemos, pues, en el orden político enteramente destruido el santo imperio romano, (el poder espiritual de la Iglesia y del Papado podemos decir ahora), y rebelarse las naciones contra los reyes, no sólo por efecto de la perversidad natural del hombre, sino porque niegan el origen divino del poder proclamando como principio el dogma impío de la soberanía popular, y las vemos alzarse en el orden religioso contra la autoridad de la Iglesia, admitiendo como principio la independencia absoluta de la razón en materia de creencia religiosa ; si vemos reinar generalmente estas teorías del orgullo, que se resuelven contra los gobernantes en el derecho a la rebelión, y ante la Iglesia con el de la incredulidad, para confundirse en una rebelión completa contra Jesucristo ; en una palabra, si el hombre, deificándose a sí mismo, se coloca en lugar de Dios, ¿podemos decir con toda seguridad que se aproxima el reinado anticristiano? Sí.  ¿A qué otra cosa tiende el mundo hace tres siglos con una rapidez siempre en aumento?  ¿Y no tuvo razón el Ángel del juicio al anunciar que estaba cercano el principio de su fin?

Acaba de pasar el Taumaturgo : Aún se estremecen los ecos de Europa al sonido de la trompeta fatal, cuando sale ya del infierno la fiera devoradora de la apostasía, haciendo estragos tan rápidos como los progresos del Evangelio. Ya hemos visto, según los Padres y los intérpretes, que esta apostasía consiste en la separación que debe efectuarse entre los pueblos y el imperio romano, sus reyes y su Pontífice soberano, y por consiguiente entre el mundo y el Cristianismo, (Cornelio Alapide).

Separación de los pueblos y del imperio romano, ( es decir, del imperio espiritual del Papado).

¿Acaso la separación de las almas y los corazones no es la apostasía, o la desaparición de las verdaderas relaciones de respeto, afecto y adhesión establecidas por el Cristianismo entre los gobernantes y los pueblos? Si esta apostasía todavía no es completa, ¿no es evidente que el espíritu general tiende rápidamente  hacia ella de tres siglos a esta parte?

Separación de los pueblos y del soberano Pontífice. !Qué espectáculo ofrece la Europa actual!  !Gran Dios!  !Qué diferencia entre lo que era en el siglo XV y lo que es en el XIX, (y en el XX, y en XXI).

“!Cayó una estrella del firmamento, según estaba anunciado, y se abrió el pozo del abismo, y salió de él una densa humareda que se interpuso entre el cielo y la tierra!” Se precipitan bajo el estandarte de la rebelión a la voz de Lutero Alemania, Suecia, Dinamarca, Prusia, Inglaterra, y una parte de Suiza y de Francia. Roma es para estos pueblos apóstatas otra Babilonia, y el Papa, la odiosa personificación del error ; y sus más sagrados principios son la absoluta independencia de la razón humana en materia de religión, y el destierro completo de la autoridad de la Iglesia.

Los ojos menos perspicaces ven claramente que los Gobiernos “católicos” no tratan al soberano Pontífice como Papa, como Padre común de las naciones y como órgano de la fe, sino como un simple príncipe temporal. Hace mucho tiempo que las relaciones diplomáticas han sustituído a los lazos filiales. ¿Y cómo ha de ser de otro modo?  ¿No han roto los Gobiernos su unión “espiritual” con la Santa Sede, una unión tan antigua, basada sobre la comunidad de la Fe?

Admitir, como ellos lo hacen, la igualdad de todos los cultos, ¿no es lo mismo que decir : “A nuestros ojos todas las religiones son igualmente buenas, verdaderas y dignas de protección y aliento?  ¿No es decir : “El Cristianismo no es nuestra fe?” De modo que en el orden religioso los Gobiernos, o más bien, las naciones representadas por sus Gobiernos,  no creen ya en Jesucristo como principio exclusivo de la verdad, y en el orden político no creen en él como principio exclusivo de la autoridad. (Recuérdese cuánto se ha escrito en estos últimos tiempos contra el derecho divino y sagrado, y contra los reyes por la gracia de Dios.) Existe, pues, defección y apostasía, pues existe el anticristianismo.

Separación del mundo y del Cristianismo. Si los hechos precedentes no nos parecen suficientes para sentar tan lastimosa verdad, abracemos a la Europa que permanece católica de una sola mirada, y veremos de Norte a Sur humillado y perseguido el Cristianismo. Examinad las grandes naciones, Francia, España, Portugal, Austria, y hasta Italia, y por donde quiera hallaréis a la apostasía multiplicando sus devastaciones, enmascarando sus proyectos para esparcirse con más seguridad bajo los nombres de tolerancia, indiferencia, libertad de conciencia, de cultos y de prensa ; lanzando en el seno de los pueblos millones de libros irreligiosos, donde se ven marchar de frente la novedad de las doctrinas, la corrupción de la fe y la rebelión a la autoridad de la Iglesia,  habiendo pervertido el espíritu público hasta el extremo de atreverse a hacer oír en las escuelas y academias “católicas” los elogios de Lutero, de Voltaire y de los más encarnizados enemigos del Catolicismo… !Y estos elogios reciben aplausos!

Prestad oído a las voces de los filósofos y de todos los que forman la opinión en las Cátedras o en las tribunas legislativas ; estudiad las máximas más generalmente esparcidas y acreditadas ; y en todas partes encontraréis, sentado sobre el trono del espíritu público, el naturalismo, la negación del mundo sobrenatural, de los milagros, del mismo Evangelio y de los hechos históricos de la antigua alianza ; en todas partes veréis la fe más tibia y vacilante que nunca, y más que nunca caída en desuso la práctica del Cristianismo ; pero veréis, en cambio, hasta en los espíritus menos hostiles, una tendencia notable y constantes esfuerzos para sustituir  la revelación por una pretendida “religiosidad”, sentimiento vago, religión naturalista, sin misterios y sin prácticas con objeto de conservar el nombre y fantasma de una religión que engaña y seduce, pero que no ilustra ni salva.

No os contentéis con una sencilla ojeada ; oíd lo que se dice y lo que pasa en el mundo, y pronto adquiriréis la triste certeza de que la fe está muerta hasta en el corazón de un grandísimo número de católicos.  Veréis que los actos religiosos, que son su manifestación, se hacen incompletamente, y a menudo sin piedad ; hallaréis multitud de personas que han roto su Símbolo, o que casi no creen en nada, aunque conserven el nombre y la apariencia del Catolicismo.

Internáos más en vuestro examen, recorred una a una nuestras ciudades, y apenas encontraréis en cada una de ellas “algunas familias” cuyos miembros sean todos católicos de creencia y de conducta ; y es raro, muy raro no hallar en cada hogar dos campos y dos banderas. ¿Y qué es esto mas que una lastimosa apostasía en el mismo seno del Catolicismo?  ¿Y qué es esta apostasía mas que el principio visible del reinado anticristiano?

No trazamos un cuadro imaginario ; amigos y enemigos, todos hacen el mismo retrato del estado actual de la Religión.  ¿No han llegado algunos a proclamar la muerte del Catolicismo?

Prestad ahora oídos al Pontífice supremo, cuya mirada abarca desde las alturas de la vida eterna toda la extensión de la Iglesia, dirigiéndose a los Patriarcas, a los Primados, Arzobispos y Obispos de toda la tierra :  “Acudimos a vosotros con el corazón sumido en la más profunda tristeza, a vosotros, cuyo celo por la Religión conocemos… En verdad podemos decir que ha llegado la hora de la potencia de las tinieblas para desmenuzar como el trigo a los hijos de elección”.  “Sí, la tierra está llena de luto, y perece infectada por la corrupción de sus habitantes, porque han violado las leyes, trocado los mandamientos del Señor, y roto su eterna alianza”, (Isai. XXIV, 5).

“Os hablamos, venerables hermanos, de lo que veis con vuestros ojos ; del triunfo de una perversidad sin freno, de una ciencia sin pudor, y de una licencia sin límites. Las cosas santas son despreciadas, y la majestad del culto divino, vituperada, profanada, cubierta de irrisión por los hombres perversos ; de lo cual se origina la corrupción de la sana doctrina y la audaz propagación de errores de toda especie. No están al abrigo de las lenguas empapadas de iniquidad las leyes santas, la justicia, las máximas ni las reglas más respetables. Y esta misma Cátedra del bienaventurado Pedro donde estamos sentado, y donde Jesucristo ha puesto el fundamento de su Iglesia, está violentamente agitada, “y los lazos de la unidad se van aflojando de día en día”. Está atacada la divina autoridad de la Iglesia ;  y sometida a consideraciones terrestres, y entregada con profunda injusticia al odio de los pueblos, “se ve reducida a la más vergonzosa servidumbre”.

“La obediencia debida a los Obispos está violada y pisoteados sus derechos. “Las academias resuenan horriblemente con opiniones nuevas y monstruosas, que ya no minan la fe en secreto y con rodeos, sino que le hacen una guerra pública y criminal”. La corrupción de la juventud por medio de las máximas y ejemplos de sus maestros ha causado el desastre de la Religión y la horrible perversidad de las costumbres ; y habiéndose sacudido el freno de la Religión, por la cual subsisten tan solo los reinos, y de la cual dimana su fuerza y su sanción, vemos la ruina del orden público, la caída de los tronos, y el trastorno de todas las potencias legítimas”, (Enciclic. “Mirari vos”, 1832).

“Entre las mayores y crueles calamidades de la Religión Católica, es la principal sin duda alguna la muchedumbre de libros pestilentes que inundan casi toda la viña del Señor para asolarla, “como las langostas salidas del pozo del abismo”, los cuales son “como la copa llena de abominaciones” que vió San Juan “en las manos de la gran prostituta”, saciando a los que se aplicaban a ella con toda clase de venenos. “Podemos decir con toda verdad que está abierto el pozo del abismo, el pozo del cual vió salir San Juan una humareda que oscureció el sol y langostas que asolaron la tierra”.

El inmortal Papa Pío VII decía : “Lo que ha sucedido en tiempos remotos se renueva, y especialmente en la deplorable época en que vivimos, época que “parecen ser aquellos últimos siglos” anunciados tantas veces por los Apóstoles, en que “vendrán los impostores caminando de impiedad en impiedad”, y según sus deseos”.

“Nadie ignora el prodigioso número de hombres que se han aliado en estos tiempos contra el Señor y contra su Cristo, poniendo por obra todos los esfuerzos para engañar a los fieles con las sutilezas de una vana y falsa filosofía, y para arrancarlos del seno de la Iglesia con la loca esperanza de arruinar y derrocar a la misma Iglesia”, (Bul. “Ecclesiam a Jesu Christo”, 13 de Sep. de 1821).

De este modo hablan los Profetas de Israel. Si el mundo incrédulo se encoge de hombros, no debe asombrar su indiferencia ; pero el hombre pensador verá un objeto grave de reflexión en estas imponentes palabras del Papa, en las que el cristiano halla un saludable aviso y el temible anuncio de un porvenir que no parece ya dudoso.


Mi agradecimiento a forocatolico.wordpress.com

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